jueves, 3 de enero de 2013

EL IMPERIO ROMANO EN LEÓN: la búsqueda del oro

Hace más de 2000 años el emergente imperio romano fijó su atención en una amplia región, todavía sin conquistar, del noroeste de la Península Ibérica. Los habitantes originarios de estas tierras (conocidos como astures) lucían dorados adornos que pronto atrajeron la atención romana; la avidez del imperio por el oro hizo comenzar una dura y prolongada campaña de conquista de esta región y posterior explotación de todos sus recursos auríferos.

Inicialmente, la búsqueda de oro consistió en el bateo sistemático de los sedimentos en los cursos fluviales, a donde los procesos de erosión, transporte y sedimentación habían conducido las partículas (pepitas) de oro a lo largo de los siglos.

Joyas de oro encontradas en Astorga
Ante los escasos beneficios obtenidos por este rudimentario método, el imperio romano buscó la fuente de la que provenía todo aquel oro, lo que le llevó a la explotación minuciosa de un gran número de laderas, colinas y depósitos aluviales situados en lo que hoy son León, Asturias, Galicia y el norte de Portugal. Como ejemplos más significativos se deben mencionar: la explotación minera de Las Médulas, los yacimientos de oro dispersos por toda la sierra del Teleno y los aprovechamientos auríferos de gran parte de los sedimentos fluviales existentes en la margen derecha del río Duerna y en toda la cuenca baja del río Cabrera.

Para controlar tan extenso territorio y su fructífera minería aurífera, hacia el año 15 a.C. Roma fundó un campamento militar en un cerro estratégicamente situado. En tan sólo tres décadas, daría lugar a la ciudad de Asturica Augusta (la actual Astorga), capital administrativa de la nueva provincia romana, desde donde se gestionaba la explotación de los nuevos recursos auríferos y se distribuía el mineral obtenido a los centros de acuñación monetaria.

LA MINA DE LAS MÉDULAS


El ejemplo de esta minería más conocido en la actualidad es el paraje de Las Médulas, formado por sucesivas capas de sedimentos aluviales consolidados dando lugar a un conglomerado, en el cual el oro se encuentra en forma de pequeñas pepitas de tamaño por lo general milimétrico. La proporción aurífera en estos materiales es reducida por lo que resultó imprescindible trabajar un gran volumen de terreno para obtener una cantidad de oro apreciable.

Red de galerías de Las Médulas
En consecuencia, los ingenieros romanos idearon un sistema de explotación a gran escala, un tipo de minería hidráulica denominado Ruina Montium, que básicamente consistía en la excavación de una red de galerías sin salida que cosían el interior de la colina y que serían inundadas con el objeto de disminuir la resistencia del terreno de modo que se produzca el derrumbe de una parte de la montaña, para posteriormente lanzar una gran cantidad de agua a modo de avalancha sobre los materiales abatidos conduciéndolos a una serie de canales de lavado. En este punto, se realizaba una sucesión de procesos de separación de bolos, filtrado y decantación de modo que se lograba obtener el preciado metal.

Todo este proceso fue repetido en cíclicas fases de trabajo hasta terminar desmontando un aluvión de más de 150 metros de potencia con la fuerza del agua como único agente de trabajo.

Mina romana de Las Médulas - Extensión: 1200 Ha
En Las Médulas más de 100 millones de metros cúbicos de terreno fueron removidos en busca del preciado metal dando lugar a la mayor explotación minera del Mundo Antiguo; tan descomunal movimiento de tierras no se realizó de nuevo hasta el siglo XIX (1900 años más tarde), cuando al amparo de la revolución industrial la fiebre del oro llegó a Norteamérica.

LA INGENIERÍA HIDRÁULICA: LOS CANALES


El extraordinario trabajo minero de Las Médulas sólo fue posible gracias al empleo de una ingente cantidad de agua, imposible de encontrar en las proximidades de la explotación lo que hizo necesaria la construcción de una impresionante red hidráulica de canales.

Canales romanos tallados en roca pertenecientes a la red hidráulica de Las Médulas

Los vestigios de estos canales conforman una red hidráulica de más de 600 km de longitud total que capta el agua en los cursos altos de los ríos Oza, Cabrera y Eria, incluyendo un trasvase intercuenca Duero-Miño. El canal más largo de todos ellos, con captación en la lejana localidad de La Baña y 143 km de longitud a una pendiente media del 0.2 %, representa la segunda conducción hidráulica más extensa de todo el imperio romano (sólo superada por el abastecimiento a Constantinopla).

Túnel en cuarcita excavado mediante fuego y agua
De sección rectangular, con 1.35 m de anchura y 0.8 m de altura (para un calado efectivo de 0.4-0.6 m según los últimos estudios), la construcción de estos canales supuso una compleja y prolongada labor debido a la agreste orografía de esta región leonesa. Su trazado recorre empinadas laderas montañosas manteniendo una pendiente prácticamente constante; para ello fue preciso construir muros de mampostería (de hasta 5 m de alto) o tallar la sección completa del canal en la roca madre. Solamente cuando era inevitable se acometía la ejecución de túneles que acortaran el recorrido mediante el habitual método de alternar fuego y agua hasta producir el agrietamiento de la roca.



LA MINA SUBTERRÁNEA DE LLAMAS DE CABRERA


Múltiples fueron las explotaciones auríferas subterráneas en esta región del noroeste peninsular durante el imperio romano (Val de San Lorenzo, Teleno, Pozos…). La meteorización superficial de estos yacimientos primarios ha llevado durante los siglos las pepitas de oro a los cauces fluviales dando lugar a la milenaria tradición del bateo, aún hoy realizada. 

Galería subterránea del complejo minero de Llamas de Cabrera
Mención especial merece el complejo minero de Llamas de Cabrera, descubierto en el año 2002 por el ingeniero Roberto Matías es (al menos) la mina de oro romana subterránea más grande de todo el territorio español.

Filones de cuarzo aurífero atravesaban verticalmente esta colina de unos 350 metros de altura que los romanos explotaron, primero superficialmente mediante minería hidráulica y luego en profundidad perforando un conjunto de galerías horizontales, trazadas según la estratificación del terreno desde las que extraían el cuarzo de las vetas alcanzadas; posteriormente un proceso de molienda hasta obtener un polvo fino liberaba las partículas de oro de su matriz cuarzosa, para a continuación ser separadas y concentradas gracias a su mayor densidad.


En conjunto, la minería aurífera de la provincia de León supuso la fuente de oro más importante del imperio romano a comienzos de nuestra era, imprescindible para mantener el sistema monetario basado en el patrón oro. Hoy día, los vestigios de esta minería antigua representan tan sólo una pequeña parte del patrimonio olvidado de la provincia de León.

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